El pintor Antonio
López García (Tomelloso, 1936) ha sido galardonado con el Premio Príncipe de
Viana de la Cultura
2012, concedido por el Gobierno de Navarra para reconocer la trayectoria de
personas o entidades relevantes en el mundo de la cultura. La dotación del
premio, que ha sido designado por unanimidad, es de 25.000 euros.
El fallo ha sido
anunciado este miércoles en rueda de prensa por el consejero de Cultura,
Turismo y Relaciones Institucionales del Ejecutivo foral, Juan Luis Sánchez de
Muniáin, que ha comparecido junto con el pintor Juan José Aquerreta, Premio
Príncipe de Viana 2003, que ha presentado la candidatura, y el presidente del
jurado, Fernando Redón, Premio Príncipe de Viana 2004.
El Ejecutivo foral
había recibido un total de siete candidaturas. Además de la de Antonio López,
optaban a este premio el organista y compositor Luis Bacaicoa Martich; el
investigador Jesús-Rodrigo Bosqued Fajardo; las hermanas Flamarique; el
compositor José María Goicoechea Aizcorbe; el periodista, escritor y profesor
emérito de universidad Pedro Lozano Bartolozzi, y el dibujante y humorista
gráfico César Oroz Martija.
La "Escuela de
Verano", especialmente dirigida a los
profesionales que
trabajan en los teatros, tiene el fin de hacer confluir estrategias y esfuerzos
en el ámbito de la formación continua de su personal.
En esta séptima
edición seguimos la estrategia de consolidar la Escuela de Verano como un
referente de
formación y cita anual para técnicos y gestores del
espectáculo en vivo, por lo que se celebrará del 11 al 15 de Junio en
Almagro, con un programa de cursos-talleres que da
continuidad, avanza y profundiza en las propuestas anteriores.
A Mario Vargas Llosa no le gusta lo que ve. Este parque de
atracciones. Esta tómbola. Este sentido terciadito de la cultura donde todo
vale, y cuanto más ruido más foco. Lleva años comprobando que lo que
antes se consideraba Cultura ahora ha degenerado en espectáculo. Y así
vamos avanzando. A intentar explicar esta mutación, a la vez que a denunciar la
pasamanería de tanto “agente intelectual paralizado”, dedica su último libro.
El primero desde que ganó el Premio Nobel. Un ensayo, ‘La civilización del espectáculo’,
publicado por Alfaguara, donde da forma a su estupefacción, a su descontento, a
esa otra forma de estar indignado ante la mercadería de la frivolidad.
No es un proceso de estreno el que denuncia el autor de ‘La
casa verde’, sino que trae su larva desde Mayo del 68 y no se ha detenido.
“Hemos ido desterrando la cultura tradicional en beneficio de algo
nuevo que ha roto la capacidad crítica de la masa, que sólo entretiene y
que los poderosos aceptan porque entienden poco peligroso. Sucede así también
con el deporte, que está muy auspiciado. Son actividades inofensivas. Inocuas.
Entretienen y poco más”, sostiene el escritor.